viernes, 24 de abril de 2009

Telepresencia, una ilusión que ahorra dólares

foto: Una sala de telepresencia de Nortel
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Internet y la informática permiten realizar reuniones virtuales sin importar dónde están los participantes. Pero aún es algo caro
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La crisis económica provocó en las empresas varios recortes.
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Por ejemplo, se han disminuido los viajes de empleados.
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Pero precisamente en momentos de crisis es cuando se toman importantes decisiones.
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Para eso se necesita que los ejecutivos se sienten en la misma mesa y traten cara a cara los asuntos. Incluso si trabajan en países y hasta en continentes diferentes.
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En esos casos, la telepresencia aparece como una solución conveniente.
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"Permite reducir de forma considerable los gastos de viaje y ahorrar tiempo de los ejecutivos", resume Roberto Ricossa, vicepresidente de Marketing de Nortel.
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¿Qué es la telepresencia?
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"Es un sistema que permite la recreación de salas de reuniones de forma virtual, pudiendo incorporar a participantes que se encuentran en lugares distantes de manera tan real como si efectivamente estuvieran presentes", explica Diego López, gerente de Marketing de Datos e Internet de Telefónica Empresas.
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Se basa en IP (Internet Protocol) y es capaz de crear la ilusión de estar ahí , más allá de la distancia que separe a los participantes.
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Equipamiento
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"Una compañía que desee contar con telepresencia necesita, en primer lugar, un enlace a Internet de banda ancha poderoso y simétrico, que pueda soportar tráfico de video y voz de alta calidad", comenta Pablo Casal, director de Marketing y Comunicaciones de IPlan.
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Se requiere además de una o más pantallas, cámaras de video, un avanzado sistema de micrófonos, altavoces e iluminación de diseño especial.
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Algunas empresas proveedoras incluyen una mesa semicircular exactamente igual en cada sala.
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"Hay varios modelos de salas de presencia, las más pequeñas con dos sillas y la más grande, para 18 personas.
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Pero lo importante es que pueden realizarse muchas sesiones simultáneas.
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Pueden integrarse hasta 48 salas en la misma reunión", explica Sergio Fernández, gerente de Desarrollo de Negocios de Comunicaciones Unificadas de Cisco.
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Las aplicaciones que tiene esta herramienta son innumerables, no sólo es útil para hablar entre los empleados de una misma empresa, también pueden utilizarla para reunirse con proveedores y clientes.
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"Existen casos en los que es muy importante para el área de salud, por ejemplo para realizar diagnósticos o consultar a especialistas que se encuentran alejados", ejemplifica Fernández.
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"No es lo mismo que la videoconferencia -se apresuran a aclarar los especialistas-, que tiene menor definición de imagen y calidad de sonido."
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"Otro diferencia con la videoconferencia es la seguridad.
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Algunos gobiernos probaron la sesión de telepresencia y trataron de interferir la llamada telefónica para probar su vulnerabilidad, pero no pudieron escuchar o ingresar en la sesión", destaca el gerente de Cisco.
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Según estudios de Nortel, una compañía que gasta hasta un total de 23 millones de dólares anualmente en viajes puede utilizar la telepresencia para recuperar hasta 385.000 horas de productividad y ahorrar hasta 7 millones de dólares.
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"Una empresa que cuenta con 382 salas, distribuidas en 42 países y 143 ciudades, y que las utiliza aproximadamente cinco horas diarias, ha generado más de 5000 reuniones semanales.
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Esto provocó un ahorro de 260 millones de dólares, debido al incremento de la productividad y el ahorro en viajes", cuentan en Cisco.
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Pero aún los costos son una barrera para las empresas más chicas, ya que este tipo de soluciones cuesta entre 30.000 y 300.000 dólares, según el equipamiento y la cantidad de salas requeridas. .
Cintia Perazo
La Nacion

martes, 3 de febrero de 2009

El almacenaje holográfico sigue avanzando


Las letras “S” y “U” más pequeñas jamás escritas.
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Una nueva técnica ha permitido a un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford crear el holograma más pequeño del mundo.
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Acomodando cuidadosamente distintas moléculas sobre una superficie de cobre, lograron crear un patrón de interferencia modificando los estados de energía de los electrones del metal.
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El resultado han sido las letras “S” y “U” más pequeñas jamás escritas.
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El Scanning-Tunneling Microscope (STM, o Microscopio de Efecto Túnel) es una herramienta fantástica, que desde hace algunos años permite a los científicos manipular átomos individuales. Entre otras cosas, hemos visto cómo los ingenieros de IBM escribían, utilizando átomos sueltos, el nombre de su empresa.
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Pero la ciencia sigue avanzando, y ahora la posta la ha tomado la Universidad de Stanford, cuyos investigadores han superado a sus pares de la industria privada al trastear con un puñado de moléculas.
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En efecto, el laboratorio universitario ha ido un paso más allá, al crear un holograma basado en la modificación de los estados de energía de electrones de una superficie de cobre.
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Mediante la nueva técnica “dibujaron” un holograma que muestra las letras “S” y “U” (por Stanford University) más pequeñas jamás escritas.
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Como los lectores de NeoTeo seguramente saben, los hologramas se basan en los patrones de interferencia, que permiten la creación de diferentes áreas de “picos” o “valles” que se refuerzan o anulan entre sí.
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En los hologramas ordinarios se emplean ondas de luz, que al ser reflejadas por una superficie especialmente preparada muestran un objeto 3D “impreso” en una superficie bidimensional.
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Los científicos de Stanford no han utilizado luz para crear sus hologramas, sino que han manipulado directamente la estructura del material utilizado como base.
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El trabajo, publicado este fin de semana en Nature Nanotechnology, explica que los autores trabajaron con “algo” que no tiene las limitaciones inherentes al tamaño de la longitud de onda de la luz: los estados cuánticos de energía de los electrones.
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Los metales actúan como conductores excelentes, porque contienen una verdadera nube de electrones que se encuentran en distintos estados de energía.
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Aprovechando esto, los investigadores crearon hologramas en los que estos electrones actúan como si fuesen una fuente de luz, y basaron sus imágenes en la manera que se interfieren unos con otros.
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Para obtener las imágenes se colocaron cuidadosamente moléculas de monóxido de carbono sobre una superficie de cobre.
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Dejando de lado las explicaciones detalladas que pueden llegar a aburrir a un muerto, se puede decir que la presencia de estas moléculas son las que modifican el estado de los electrones del sustrato de la forma adecuada para que el observador (obviamente, provisto de un STM) disfrute del holograma más pequeño del mundo.
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Los investigadores creen que estas técnicas podrían ser los cimientos de una nueva forma de almacenar datos.
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Queda mucho camino por recorrer, pero la posibilidad de trastear con electrones individuales y de “colocarlos” en uno u otro estado podrían servir para representar “ceros” o “unos” de un tamaño increíblemente pequeño.
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Ariel Palazzesi
neoteo.com