
Mientras prosperan algunas tecnologías de telepresencia doméstica que alcanzan la vida cotidiana y ocupan un espacio significativo en las relaciones humanas, incluso a la hora de comer, el accidente nuclear de Fukushima recuerda la urgencia de desarrollar otras formas de telepresencia que permintan expandir el cuerpo humano a una nueva categoría
¿Dónde están ahora los robots telepresentes?
Lo que anticipó Marvin Minsky hace 30 años.
Cada vez hay más gente telepresente.
Por ejemplo, crece la cantidad de teleconferencias y casos tan raros como usar telepresencia para cuidar a los padres que viven solos y lejos.
Las personas se sienten acompañadas con la telepresencia.
También, en distintas partes del mundo hay otros que almuerzan y usan computadoras para comunicarse, están así telepresentes.
En algunos casos usan servicios de videoconferencia como Skype o Google, y más recientemente el servicio de telepresencia de Cisco llamado UMI.
La hora de comer es importante para la telepresencia.
Por eso, se entiende que entre las ideas que Cisco proponía para las parejas de usuarios de UMI que se encontraban separados en San Valentín, estaba la de cocinar y comer juntos, de forma telepresente. Dice Cisco
Elijan una receta deliciosa para hacer cada uno la misma comida. Pueden incluso cocinar “juntos”, señalando a la cámara Umi en la cocina. Una vez que está todo listo, es hora de sentarse y compartir las creaciones culinarias. Puede ser aún mejor si prendés una vela y abrís una botella de vino para “compartir!”
Pero llamar “telepresencia” a una videoconferencia, aún aquellas de máxima calidad como las de UMI, es ser injusto con la verdadera dimensión del término.
Telepresencia no es solo ver y hablar a distancia en tiempo real (aunque es un aspecto fundamental); telepresencia es tocar y mover a distancia, es estar en otro lado, es experimentar e interactuar en otro espacio.
¿Dónde estamos realmente?
La central Nuclear de Fukushima
En el año 1942, Robert A. Heinlein escribió un cuento de ciencia ficción que resultó inspirador para comprender los alcances posibles de las tecnologías de
telepresencia.
El cuento se llama“Waldo”, y cuenta la historia de Waldo Farthingwaite-Jones, un genio que padece desde su nacimiento Miastenia gravis, una enfermedad autoinmune que produce incapacidad a causa de la debilidad muscular severa a la que se ve sometido el enfermo.
Waldo no tiene fuerzas ni para sostener una cuchara. Sin embargo, usa su genio superior y el dinero de su familia para encontrar una salida a sus limitaciones.
Así llega a desarrollar un dispositivo de telepresencia (término que no se usa en el cuento) que consiste en una especie de pantógrafo de movimientos capaz de copiar de manera sincronizada los gestos de las manos y el cuerpo de Waldo, y reproducirlos en manos y brazos robóticos a los que denomina “Waldoes”.
Estas extensiones físicas del cuerpo de Waldo son ejecutadas desde su casa en el espacio, donde vive sin sufrir las fuerzas de la gravedad de la Tierra.
Minsky lo anticipó
En el año 1981, el científico Marvin Minsky escribió un artículo en la revista Omni con el título “Telepresence”.
En el texto cuenta que muchas de sus ideas sobre telepresencia nacieron de la lectura de Waldo. Entre las aplicaciones fundamentales que Minsky identifica que pueden requerir tecnología de telepresencia, la primera que cita son los accidentes en plantas nucleares.
Dos años antes de la publicación de “Telepresence” había ocurrido un accidente en la planta nuclear Three Mile Island.
Ahora resulta profético lo que Minsky escribió:
En Three Mile Island, realmente se necesitaba de telepresencia. Estoy consternado por la incapacidad de la industria nuclear para hacer frente a lo inesperado.
Todos vimos la absurda inflexibilidad de la tecnología de hoy en día para el manejo de los daños y las reparaciones en aquel reactor.
Los técnicos aún están a la espera de realizar una inspección minuciosa de los daños en la planta.
Para hacerlo deberán absorber la dosis permitida de radiación en un año, en sólo unos minutos.
El costo de la reparación y las pérdidas de energía será de U$S 1ooo millones. La telepresencia podría haber cortado este gasto a unos pocos millones de dólares.
Treinta años después de la publicación del texto de Minsky, la central nuclear de Fukushima amenaza a Japón y a todo el planeta con una fuga monumental de radiación.
No existen los “Waldoes” para resolver el problema a pesar de que Marvin Minsky dijo hace décadas que se disponía de la tecnología para desarrollar telepresencia robusta, indispensable para intervenir en accidentes nucleares.
Mientras Asimo de Honda juega en Disney, se necesitaría ahora un pariente suyo telepresente, para entrar en el reactor y detener la catástrofe.
No podemos saber lo que está pensando sobre el accidente de Fukushima el genio de Minsky desde su casa en Boston.
Jualian Gallo
cumi.com

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